Queridos amigos de la Parroquia:
Después de cinco años como párroco de esta comunidad, llega el momento de deciros: “hasta siempre”. Mis superiores me destinan a La Coruña, a nuevas tareas. Me despido con el corazón lleno de nombres, rostros, conversaciones, celebraciones, búsquedas, heridas acompañadas y, sobre todo, vida recibida y compartida.
Han sido años muy importantes para mí. En esta parroquia he aprendido, una vez más, que la fe se teje en lo cotidiano: en la Eucaristía celebrada juntos, en la escucha paciente, en el servicio discreto, en la alegría sencilla y en la esperanza que no hace ruido, pero sostiene. Gracias por vuestra confianza, por vuestra cercanía, por vuestra paciencia y por vuestro cariño. Sabed siempre que, durante estos años, vuestra fe ha sostenido mi fe y vuestra entrega ha sostenido mi entrega.
Me voy con tristeza, no os engaño; he recordado mucho a un profesor que nos decía que “despedirse es morir un poco”, pero sobre todo me voy esperanzado y agradecido. Agradecido a Dios, que siempre precede y acompaña y, que, sin duda, ya me está esperando en mi nuevo destino; a la Compañía de Jesús, gracias a la cual os he conocido; y a todos vosotros, que habéis sido para mí comunidad, escuela y hogar.
No se trata de cerrar una historia, sino de ponerla en manos de Aquel que sabe llevarla más lejos y más hondo. Por todo lo vivido: gracias; a todo lo que venga: sí.
Que Dios os bendiga y que no perdamos nunca ocasión de hacer el bien.
Con afecto y oración,
Pablo Guerrero, SJ







