Orar la ciudad que habitamos

El pasado 4 de abril José García de Castro sj abrió su charla en el ciclo Orar juntos la vida con las siguientes preguntas: ¿Por qué necesitamos salir de nuestro aquí y ahora, de nuestro entorno cotidiano, para buscar a Dios? ¿Por qué tenemos que ir a casas de retiro, a lugares apartados para orar con cierta hondura? ¿No somos capaces de encontrarnos con Dios en la ciudad en la que vivimos? Hemos establecido una sólida conexión entre conceptos tales como la oración, el silencio, la soledad y la búsqueda de Dios, una conexión que parece haberse formado muy tempranamente, a partir del s. IV, cuando desaparecen las persecuciones y algunos cristianos sienten la necesidad de huir de las urbes para no contaminarse de costumbres paganas. Se crea así una división entre cristianos de vida contemplativa y cristianos de vida activa, los primeros retirados del mundo y lo segundos inmersos con él, división que encuentra su inspiración en el relato evangélico de Marta y María.

García de Castro nos propuso un ejercicio de contemplación de la ciudad que habitamos, Madrid, para descubrir en ella tanto la presencia como la ausencia de Dios. Y así, partiendo de datos recogidos de muy diversas fuentes, iniciamos un recorrido articulado en cuatro momentos inspirados en las cuatro semanas de los Ejercicios Espirituales:

  1. Ver a las personas: pensar en cuántas personas viven también aquí, en cuántas trabajan para mí, en cuántas sufren tan cerca de mí (la esclavitud infantil, la explotación sexual, la violencia contras las mujeres, la delincuencia) y orar por ellas, para no convertirnos en cómplices de este sufrimiento.
  2. Construir el Reino de Dios: tomar conciencia de la presencia de la Iglesia en Madrid, con sus parroquias, centros asistenciales, personas atendidas, voluntarios, comedores sociales. Y dar gracias da Dios por esta presencia y por tanta gente que aquí y ahora, en Madrid, dedican su vida a la construcción del Reino.
  3. Cargar con la cruz: las cifras de las personas que en nuestra ciudad están en una situación de exclusión social, sin acceso a la vivienda, a la educación o incluso a las medicinas, son escalofriantes. Es aquí donde se hace patente la ausencia de Dios y donde es más necesaria nuestra oración.
  4. Comunicarnos como metáfora del amor: contemplemos la impresionante red de comunicaciones que conecta todos los puntos de esta ciudad entre sí y con el exterior, pensemos en la asombrosa infraestructura que permite que el agua llegue a cada uno de nuestros hogares; y sintámonos profundamente agradecidos por todo lo que podemos disfrutar y en lo que nunca reparamos, sin caer en la cuenta de los millones de personas que carecen de buenas comunicaciones y de agua en otras partes del mundo.

Si queremos ser contemplativos en la acción, tenemos en Jesús al mejor ejemplo pues, estando siempre rodeado de muchedumbres, elevaba frecuentemente la mirada al cielo para orar. Si es en Madrid donde gastamos nuestra vida, ¿por qué no buscarle en la ciudad? La realidad de Madrid ofrece muchos más lugares de oración que aquellos que tienen una cruz sobre su fachada. Aprendamos a mirar nuestro entorno porque es el primer paso para amarlo, contemplemos con hondura lo que nos rodea para sentirnos profundamente agradecidos por lo privilegiados que somos.

La charla completa se puede ver aquí. ¡No os la perdáis! El próximo encuentro será el 9 de mayo con el tema Orar el amor que nos crea.

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