¡Feliz Pascua de Resurrección!

El Sábado Santo arrancó en la parroquia con una sentida oración, a las 12,00h para acompañar el camino de María. Alvaro Zapata, SJ fue el encargado de guiarla, ayudado con la lectura de Paloma y Pedro, que fueron repasando distintos episodios de este recorrido de María, y la evocación de la madre lacrimosa. Alvaro fue invitándonos a contemplar y acoger esa intemperie de María, desde el hágase hasta el sepulcro.

Por la noche, a las 22,00 comenzó nuestra Vigilia pascual. Una vez más, la Iglesia se llenó de personas que querían compartir la alegría de la resurrección. Fue una celebración emotiva y llena de símbolos. La liturgia del fuego creó esa estampa preciosa del templo iluminado por cientos de velas que quieren reflejar esa luz nueva que nos brilla dentro. José Olea, que hace tan solo dos meses se ordenaba como diácono en la misma iglesia, fue quien llevó el cirio a su lugar. Paula y Nacho cantaron el pregón que dio paso al relato de la historia de la salvación. En la homilía, José Mª Rodríguez Olaizola, que presidía, invitó a acoger la propuesta pascual: «No tengáis miedo», y «alegraos». Pero no como un eslogan facilón y bienintencionado, sino como el mensaje de quien ha atravesado la Pasión, y por eso mismo, no ofrece humo, sino una vida entregada que se llena de sentido.

La liturgia del agua comenzó con el canto de las letanías. La bendición del agua y la renovación de las promesas del bautismo dieron paso al momento en que los tres párrocos aspergieron a la comunidad. Agua y fuego se fundían, evocando ese nuevo bautismo, en espíritu y verdad. La eucaristía siguió siendo memoria de que todo lo celebrado estos días acaba bien.

Al final de la celebración, José Mari hizo explícito el agradecimiento a tantas personas que han hecho posible que las celebraciones de estos días hayan resultado profundas y llenas de sentido: El equipo de ministros de la parroquia, que se ha volcado. Las personas que, desde la sacristía, hacen tan real el servicio cotidiano, callado y constante. Los jóvenes que han apoyado de tantas maneras, con la música, con la oración, con la lectura, todos los momentos. Y tantas personas que, con su presencia y su oración han puesto su propia historia bajo la sombra de esta historia de salvación que nos congrega.

Gracias a todos por tanto. Y muy feliz Pascua de Resurrección. Aleluya, Aleluya.

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