El tiempo ordinario

Hoy comienza el «tiempo ordinario» en nuestra liturgia. Es curioso, que «ordinario» normalmente evoca basto, rudo… Cuando decimos de algo que es ordinario, o una ordinariez, tiene una carga peyorativa. Sin embargo, el sentido del tiempo ordinario no lo es. Es algo mucho más bonito, lleno de sentido y necesario. Es el tiempo que permite los contrastes. Nada sería extraordinario si no hubiese tiempos ordinarios. Nada sería especial si todo lo fuera. Pero no solo es que los momentos especiales tengan significado. Es que los habituales también lo tienen. Lo cotidiano, lo que se va repitiendo con la cadencia de los días, es necesario. Porque la mayor parte de la vida es así. Ritmos que nos van siendo familiares. Hábitos, rutinas… Vida oculta, donde se gesta lo que somos. Ojalá sepamos disfrutar de este tiempo de la normalidad, y en él, también, vivir la fe con hondura.

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